El Refugio Nacional de Vida Silvestre Ostional alberga una de las playas de anidación más importantes del país para la tortuga lora (Lepidochelys olivacea), especie reconocida por el fenómeno de anidación masiva conocido como “arribada”, cuando cientos o miles de tortugas salen simultáneamente a desovar.
Un equipo interdisciplinario de la Universidad Nacional (UNA) desarrolló, durante marzo anterior, una primera jornada de muestreo como parte del proyecto FIDA 0127-25, denominado Contaminantes en ecosistemas marinos: evaluando la exposición a genes de resistencia antimicrobiana y metales pesados en tortugas y aves marinas en Costa Rica.
La investigación busca analizar la exposición de la tortuga lora a genes de resistencia antimicrobiana (ARGs), asociados a contaminación proveniente de actividades humanas. Entre las fuentes más frecuentes se encuentran residuos derivados de la agricultura, la ganadería y el uso de productos farmacéuticos, que llegan a los ecosistemas marinos a través de cuerpos de agua y escorrentías.
Según los investigadores, la acumulación de estos contaminantes favorece la aparición de bacterias resistentes a medicamentos como los antibióticos, situación que representa riesgos para la fauna silvestre y la salud humana.
El trabajo de campo se realizó mediante la recolección de muestras no invasivas, con el propósito de generar información científica sobre la presencia y posible impacto de estos genes en especies marinas. La iniciativa pretende construir una línea base que contribuya a futuras decisiones de manejo y conservación en ecosistemas marino-costeros.
El proyecto se desarrolla bajo la normativa nacional vigente (R-CM-UNA-009-2025-OT-CONAGEBIO) y los lineamientos del Comité de Bioética y Bienestar Animal de la UNA (UNA-COBBA-FCEN-DICT-001-2025).
En la investigación participan Claudia Fernández y Luis Vega, de la Estación de Biología Marina; Natalia Corrales, del Parque Marino del Pacífico; Carola Scholz, de la Escuela de Ciencias Biológicas; Kinndle Blanco y Seiling Vargas, del Instituto Regional de Estudios en Sustancias Tóxicas (IRET); y José Rodríguez, de la Escuela de Química.
El proyecto también integra participación estudiantil de Daniela González y Dayana Fonseca, de la Licenciatura en Biotecnología; Valeria Castro, del Bachillerato en Biología con énfasis en Biología Marina; y Daniel Sánchez, del Programa de Maestría en Ecotoxicología Tropical.
Durante el trabajo de campo, el equipo contó además con apoyo del Laboratorio de Estudios Marino Costeros (LEMACO) de la UNA y de funcionarios del Sistema Nacional de Áreas de Conservación (SINAC) de la zona. El proyecto también incluye la toma de muestras de aves en el Golfo de Nicoya, una actividad que se realizará próximamente.