El fútbol llegó a la vida de Nicole Arrieta Arce casi por casualidad. No lo practicaba desde niña ni imaginaba que terminaría compitiendo a nivel universitario. Primero fueron los partidos recreativos en el colegio y las tardes en la plaza de San Isidro de Heredia junto a sus primos. Después llegó una oportunidad que cambió el rumbo de aquella afición: un entrenador la observó jugar y la invitó a integrarse al equipo femenino que representaría a su comunidad en las eliminatorias de los Juegos Nacionales.
Aceptó el reto y desde entonces no ha dejado las canchas. Hoy vive en San Pablo de Heredia, estudia Administración con énfasis en Recursos Humanos en la Universidad Nacional (UNA) y se prepara para representar a la institución en los JUNCOS 2026.
Su elección profesional también está vinculada con una característica que considera parte de su forma de ser: el interés por las personas. Eligió Recursos Humanos porque le gusta ayudar y apoyar a los demás, velar por su bienestar y procurar condiciones justas dentro de los espacios laborales.
Antes de ingresar a la UNA supo que la Universidad contaba con un equipo de fútbol y que sus integrantes podían optar por una beca deportiva. La posibilidad de continuar con un deporte que disfrutaba mientras recibía apoyo para financiar sus estudios la motivó a realizar las pruebas. Fue seleccionada durante su primer semestre y desde entonces forma parte del equipo universitario.
Su recorrido, sin embargo, también tuvo momentos en los que continuar parecía difícil. Dos lesiones, una en la espalda y otra en el tobillo, ocurrieron durante etapas importantes de su trayectoria. Las recuperaciones fueron complejas y llegaron a hacerla pensar que quizá ya no quería seguir jugando.
La terapia, los ejercicios de fortalecimiento y el respaldo de sus padres le permitieron regresar a las canchas. De esas experiencias obtuvo aprendizajes que hoy considera fundamentales: paciencia, perseverancia y confianza para continuar aun cuando los resultados no llegan de inmediato.
Mantenerse en el fútbol universitario también exige organizar cada aspecto de su vida. Los entrenamientos en las mañanas se combinan con clases, evaluaciones y horas de estudio independiente. En ocasiones debe sacrificar horas de sueño y espacios familiares, incluso cuando las competencias coinciden con actividades importantes.
Su madre es una de las figuras fundamentales en ese camino. Junto con su padre, la ha acompañado en competencias, lesiones y momentos difíciles. Para la futbolista, el respaldo de ambos representa una de sus principales fuentes de motivación.
Representar a la UNA en JUNCOS tiene para ella un significado que va más allá de la competencia. Portar el sello de la institución, compartir con sus compañeras y vivir el ambiente de estos juegos representa una experiencia que considera difícil de explicar con palabras. En la cancha, sin embargo, el objetivo está claro: competir por la medalla de oro y dejar el nombre de la UNA en lo más alto.
La estudiante también entiende el fútbol universitario como una oportunidad para fortalecer el desarrollo del fútbol femenino. Reconoce que las jugadoras todavía enfrentan dificultades relacionadas con la organización de los campeonatos, las condiciones salariales, las oportunidades y los incentivos. A pesar de esos obstáculos, considera que cada generación tiene la posibilidad de abrir camino para las que vienen detrás.
Por eso, una de las imágenes que más la motiva es pensar que una niña pueda verla jugar y descubrir que también puede llegar hasta ahí, o incluso más lejos.
Para ella, convertirse en referente implica una responsabilidad. Quiere demostrar el talento y la capacidad de las mujeres en el deporte y motivar a nuevas generaciones a perseguir sus sueños sin permitir que los prejuicios o las dificultades definan sus límites.
El fútbol también transformó su manera de relacionarse con otras personas. Con los años aprendió que cada compañera tiene motivaciones, dificultades y formas distintas de enfrentar los retos. Esa experiencia la llevó a escuchar más, observar y procurar que sus acciones aporten, en lugar de convertirse en una fuente de desmotivación.
Esa visión se refleja en su concepto de equipo. Para Arrieta Arce, estar en la banca no significa dejar de aportar. Todas las jugadoras tienen algo que ofrecer y deben respaldar a quienes están dentro de la cancha. La meta es colectiva: si gana el equipo, ganan todas.
Después de JUNCOS 2026 quiere que el equipo de fútbol de la UNA sea recordado por su unión, entrega y compromiso. Aspira a que se reconozca a un grupo que compitió con respeto, responsabilidad y trabajo, pero que también conservó su identidad dentro y fuera de la cancha.
Su sueño, tanto en el deporte como en su carrera profesional, es dejar huella. Quiere aportar, motivar e inspirar a otras personas para que crean en sí mismas y comprendan que el esfuerzo, la constancia y la determinación pueden abrir caminos.