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Crisis climática afecta más a las mujeres

¿Quién no suspira cuando a su mente viene el recuerdo de una comida elaborada en cocina de leña? Esta práctica culinaria, arraigada aún en muchas zonas rurales de pueblos latinoamericanos, contiene un riesgo que se hoy encuentra en estudio: el impacto que tiene el uso de combustibles de biomasa de leña y carbón sobre la salud mental de quienes cocinan, principalmente mujeres.

Este es el punto central de una investigación que conduce la Universidad de la Sierra del Sur, en México, para comprobar la vinculación entre el uso de la biomasa y sus efectos en la salud. Pero es, además, un ejemplo de cómo el cambio climático afecta en mayor proporción a las mujeres.

La investigadora Silvia Coca lidera esta investigación que, en primera instancia, tiene como propósito comprobar esta hipótesis entre mujeres del estado de Oaxaca, en México. Sus resultados preliminares los compartió en la conferencia Cambio climático y población, que  organizó el Instituto de Estudios Sociales en Población (Idespo) de la Universidad Nacional (UNA).

“Las mujeres, de acuerdo con la Organización de Naciones Unidas, están en la primera línea de afectación del cambio climático y cuando relacionamos este tipo de ejemplos sobre alteraciones en el ambiente, la contaminación y sus efectos en la salud de las mujeres, comprobamos que no podemos negar sus efectos en el presente”, manifestó Jenny Villalobos, investigadora del Idespo-UNA.

Coca reconoce que mucho se ha estudiado y documentado acerca de las secuelas de estos combustibles sobre el sistema respiratorio y gastrointestinal de las personas. Por ello, la investigación busca dar un paso más hacia adelante, en un área en la que reconoce, se sabe muy poco aún.

La investigadora está cruzando datos de prevalencia de demencia en México, con base en la Encuesta Nacional de Nutrición y Salud. A partir de modelos estadísticos, incluyó en su análisis una muestra de 1,4 millones de adultos de Oaxaca, con una prevalencia de síntomas depresivos del 15%, mientras que los combustibles de biomasa han sido utilizados por el 15.4% de la población.

A partir de ahí es donde se ha planteado la hipótesis de que la mayoría de mujeres al utilizar combustibles de biomasa sufren depresión. “La exposición prolongada a contaminantes de la combustión de biomasa, como el monóxido de carbono, se asocia con neuroinflamación y estrés oxidativo, que están implicados en la fisiopatología de la depresión”, reseña el documento introductorio del proyecto.

El hecho de que sean las mujeres las más expuestas a este riesgo, refleja las desigualdades de género persistentes. “En muchos lugares, sobre todo rurales, la transición energética no ha comenzado y las familias no tienen acceso a cocinas de gas o eléctricas. Entonces, el único elemento al que tienen acceso es a la leña”, manifestó Silvia Coca.

Además, las sequías y la deforestación hacen que la madera no esté a su alcance inmediato. Esto hace que muchas de ellas a quienes se les encarga las labores relacionadas con el quehacer de los hogares y de la cocina deban recorrer hasta 10 kilómetros para encontrar el insumo, con la carga física y emocional que ello conlleva, mientras los hombres se van al campo o a otros lugares a trabajar. 

De esta forma, el estudio preliminar presentado en la UNA vincula los efectos del cambio climático con las normas sociales, los roles de género y las responsabilidades de cuidado, y la manera en que afectan a las mujeres por la exposición a contaminantes domésticos y la salud mental, sobre todo en entornos rurales.

Coca lamenta que a pesar de que persistan estas desigualdades en un país como México no se estén proponiendo soluciones. No obstante, considera vital que la investigación universitaria promueva este tipo de debates por medio de hallazgos donde la ciencia comprueba estas consecuencias.

Diversas manifestaciones

De acuerdo con ONU Mujeres, hasta 158 millones de mujeres y niñas podrían caer en condición de pobreza al 2050, por causa del cambio climático.

Sus manifestaciones son diversas, aunque en todas ellas, la desigualdad termina siendo el punto en común.

Así como ocurre con el tema de la leña para cocinar, en zonas rurales, en siete de cada diez hogares son las mujeres las responsables de recoger agua para las labores domésticas, una labor que, además del impacto físico, limita su tiempo para otras tareas, donde podría recibir una remuneración por trabajar o capacitarse y estudiar.

Aquellas que se dedican a la agricultura no cuentan con las misma garantías que los hombres dedicados a esta actividad. Ellas suelen estar sometidas a condiciones de mayor explotación y dependen de recursos naturales que comienzan a escasear debido a la crisis climática.

En otras latitudes, el impacto es indirecto, pero muy devastador. En países como Colombia, Malí y Yemén, ante la escasez de recursos naturales, muchas familias someten a sus hijas menores de edad a violencia y a matrimonio infantil, como una forma de asegurar ingresos económicos.

Para la investigadora Villalobos, del Idespo-UNA, la situación de desigualdad que expone la investigación en México, no difiere de la realidad social que se vive en Costa Rica. “Tenemos que tomar acciones para llegar a estas poblaciones, las más vulnerables, y, al mismo tiempo, pensar en cómo cerramos estas brechas de desigualdad, avanzar en procesos de transición, justicia climática y desarrollo sostenible”.