La investigación biotecnológica permitió a Brasil convertirse en un exportador líder de soja. Gracias a la modificación de genes de una planta en laboratorio se amplió la producción hasta alcanzar 45,7 millones de hectáreas de soja transgénica, resistentes a plagas y químicos.
Lastimosamente, este es un caso excepcional de investigación y desarrollo (I&D) en América Latina, en el campo de la biotecnología. La región como un todo luce rezagada frente a otros países que encabezan ese liderazgo.
El tema fue parte del coloquio Ecotecnologías y Límites Planetarios desarrollado, de manera conjunta, por la Universidad Nacional (UNA) y la Universidad de Costa Rica (UCR). En el caso de la UNA, la organización estuvo a cargo de la Escuela Ecuménica de Ciencias de la Religión.
Milena McFeeters es una costarricense radicada en Estados Unidos. Trabaja como ingeniera química en firmas de biofarmacéutica en ese país y, aunque no tiene vinculación directa con la academia, desde su experiencia aportó la visión de los beneficios (y riesgos) del avance global en esta materia.
En su conferencia El impacto de la biotecnología en la sostenibilidad, McFeeters reconoció el rezago. “Por ejemplo, la industria biofarmacéutica tiene un tamaño moderado en Brasil y en México, hay un poco en Argentina y en Chile, pero no en la cantidad que se ve en Estados Unidos y en Europa. La razón de que esto sea así son los costos de producción”, afirmó.
De acuerdo con el Latin American Dynamism Project (LADP), Estados Unidos lidera la inversión acumulada en investigación con 52 mil millones de dólares. Europa, como bloque se ubica en segundo lugar con 14 mil millones de dólares y en tercer lugar aparece China, con 13 mil millones de dólares.
La región latinoamericana no destaca en este ranquin al registrar una inversión de 2.540 millones de dólares. Esto representa un inversión equivalente de 15.25 dólares por habitante; además, es un monto hasta 20 veces inferior a lo invertido por los estadounidenses.
Para McFeeters, la cercanía geográfica de Estados Unidos justificaría también la poca necesidad de otros países en la región de incentivar esta industria, mientras naciones más alejadas como China e India vienen registrando avances más significativos.
Desde su punto de vista, el hecho de que países como Costa Rica, que cuentan con una gran biodiversidad y aportan materias primas que permitan desarrollar investigaciones, han aportado soluciones farmacéuticas que tienen un impacto en la calidad de vida. No obstante, tanto aquí como en otras naciones el mercado se focaliza en la comercialización, la manufactura y el consumo de productos, relegando a un segundo plano la I&D.

Avances, beneficios y retos
Milena McFeeters considera que la tecnología es una herramienta, y como tal, se puede utilizar para fines benéficos o perjudiciales. Mencionó, como ejemplo, la energía nuclear.
La biotecnología, que comprende la manufactura de productos utilizando organismos vivos como algas, hongos y microbios, permiten el avance de la ciencia en los campos de la ingeniería genética, la biología molecular y el cultivo de células, por ejemplo.
Sus beneficios son tales que, según citó, están contemplados en nueve de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).
En el caso de la agricultura, como el ejemplo expuesto de la soja en Brasil, se pueden establecer cultivos genéticamente modificados que son más resistentes al ataque de plagas, que van a requerir un uso menos intensivo de plaguicidas y cuentan con un mayor contenido nutricional.
También, permite la creación y uso de biofertilizantes y biopesticidas que incrementan la productividad de las áreas cultivadas. Datos aportados por McFeeters indican que mientras en el 2023 el mercado de biofertilizantes en el mundo era de 7 billones de dólares, para este año se prevé cerrar en 10.5 billones de dólares y con una expectativa hacia el 2033 de hasta 27,2 billones de dólares.
Los aportes también se perciben en las acciones para reducir la contaminación del agua y de los suelos. Por medio de la fitorremediación se cultivan platas que tienen la capacidad de extraer contaminantes del suelo, mientras que la purificación del agua se logra a través de capas de biomasa que utilizan filtros a base de microorganismos.
En el campo farmacéutico, en tanto, las innovaciones han facilitado la creación de anticuerpos monoclonales, la inmunoterapia, el ARN mensajero, las terapias de genes que, entre otros padecimientos, permiten atender casos de artritis, esclerosis, psoriasis, algunos tipos de cáncer, enfermedades raras y el desarrollo de nuevas vacunas.
Por medio de los aportes a la medicina, la biotecnología ha permitido, por ejemplo, que desde la inmunoterapia y los tratamientos celulares, la tasas de sobrevivencia en los últimos 25 años de melanoma metastásico haya aumentado de un 16% a un 35%. En el caso del cáncer de hígado se pasó de 7% a 22% en ese periodo y en el de pulmón de un 2% a un 10%.
El futuro de la industria está vinculada estrechamente con la inteligencia artificial (IA), apuntó. En ese escenario, el descubrimiento de nuevos fármacos empleando la IA, los avances clínicos en genética, el crecimiento de la biología sintética y la necesidad de regulaciones en bioética dominarán el debate a corto y mediano plazo.
Juan Carlos Valverde, académico de la Escuela Ecuménica de Ciencias de la Religión, sugirió un análisis crítico del tema. “La velocidad a la que esto avanza, supera las preguntas que podamos hacernos hoy. Y mientras estamos reflexionando, la industria continúa su avance”.
Por tanto, considera que desde las universidades, como punto de partida de la investigación, puedan avanzar en esta dirección y cerrar las brechas identificadas. “Sin embargo, las universidades están siendo atacadas, se les resta fondos, no existe interés en financiar programas porque existen otros intereses. Entonces, lo que quisimos en esta temática fue hablar abiertamente y reconocer los retos que estamos enfrentando”, apuntó Valverde.