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Quince Duncan: “Basta ya de hablar que nuestra herencia es solo española”

El barrio La Cananga está situado en Nicoya, Guanacaste. Se dice que tiene 200 años de existencia y que a sus anchas destacan casas tradicionales antiguas. 

A miles de kilómetros de distancia, en la República Democrática del Congo existe una ciudad con un nombre igual, salvo una letra: Kananga, y en la que residen casi dos millones de personas.

¿Coincidencia? Para Quince Dunca, escritor, académico e historiador, no. Es una muestra de las influencias africanas y de otras latitudes que conforman la Costa Rica de ayer y la de hoy. Una mezcla de influencias, muchas veces invisibilizadas, pero que se aferran al arraigo de tradiciones y culturas ancestrales que tiene cabida en este pequeño territorio centroamericano.

Por ello, defiende a capa y espada la Costa Rica multiétnica y pluricultural. “Quiere decir que todos los diferentes grupos que conforman nuestra nación son costarricenses y su cultura y nuestra herencia lo es. Entonces, basta ya de hablar de nuestra herencia española solamente. Hay apuntes diversos de muchos grupos étnicos que fueron conformando nuestra nacionalidad. Y nosotros, todos, somos herederos de esa diversidad”, expresó Duncan, quien es miembro de la Academia Costarricense de la Lengua.

Sus palabras las pronunció en un acto en la Universidad Nacional (UNA), organizado por el Instituto de Estudios Latinoamericanos (Idela), con motivo de la presentación de su más reciente libro Afrocostarricenses historia y cultura revelada. El acto también representó el marco propicio para hacer un análisis de esta obra y de la que hace más de 50 años publicó junto con el historiador Carlos Meléndez: El negro en Costa Rica.

La historia le da la razón a Quince Duncan sobre esa red de influencias culturales. Algunas son anécdotas de su amplio repertorio. “Asistí, en Angola, a la ceremonia de apertura del Museo de la Esclavitud y nos dijeron que había una cena bufé. Al terminar la actividad salimos a buscar la comida. En principio dije, ‘bueno, hicieron una muy buena investigación porque aquí tienen toda la comida de mi abuelita’. Pero no; había ingleses, tailandeses y de otras nacionalidades.

“Por allá distingo un dulce y me acerco y como ellos hablan portugués les pregunto ‘¿qué es eso’? Su respuesta fue quesada”. Al final, Duncan cayó en cuenta que aquel postre que se estaba sirviendo en un acto en una nación africana era el mismo que probó en Limón.

Otro ejemplo es más local y tiene que ver con la errada concepción de que la población negra solo está en Limón. La aparición de los Virgen de los Ángeles en 1635 ocurrió en la Puebla de los Pardos, en Cartago. Para Duncan, existe una clara relación entre la denominación de un barrio con población conocida como “parda”, con rasgos físicos multiétnicos y la posterior mención de la Virgen como La Negrita, aunque la historia conocida hace referencia al color de la piedra volcánica donde apareció. 

Es Cartago, es Guanacaste, es Limón. Hay literatura negra con cuentos e historias de Guanacaste. Existen otras manifestaciones literarias africanas que luego se adaptaron a lo afrocaribeño. 

Pero también están las poblaciones originarias de países africanos, de Jamaica, de embarcaciones danesas con personas esclavas que encallaron en Cahuita, en Talamanca de Limón y que algunos de ellos, sobrevivientes, se establecieron en distintas comunidades del país. Además, está la población afro bribri que generó vínculos con los indígenas bribris de Talamanca, así como los afrochorotegas.

Recuperar la memoria

En sintonía con todo esto, Quince Duncan presentó su nueva publicación, que desde la perspectiva del académico Mijaíl Mondol, de la Escuela de Literatura de la UNA, “marca una visión mucho más pluralista e integradora de la presencia del negro en Costa Rica”.

Mondol considera que la obra Afrocostarricenses historia y cultura revelada recoge los resultados de una investigación académica continua, que tuvo su origen en la década de los años setenta y que se ha profundizado hasta la actualidad, desde distintos enfoques metodológicos, teóricos y disciplinarios. “No solo elabora un texto que dialoga con otro libro (El negro en Costa Rica, 1972), sino que sistematiza y crea una memoria historiográfica”, afirmó.

Esa ampliación de la perspectiva en esta nueva publicación, con los elementos y el conocimiento que no estaban claros hace 50 años, es una de las características que también realizó la investigadora Carmen Hutchinson.

“Es una lectura íntima, el lector siente que está teniendo una conversación directa con el autor. A pesar de que tiene 22 capítulos, son cortos y bien concentrados”, describió la historiadora.

Para ella, uno de los aspectos más destacables es el reconocimiento de los distintos aportes realizados por investigadores, al incluir en cada capítulo una biografía de cada uno de ellos, mostrando, desde su punto de vista, un respeto a las aportaciones académicas realizadas con anterioridad.

Hutchinson recordó cómo, con apenas 11 años, llegó a sus manos el libro El negro en Costa Rica. “Esa primera edición marcó profundamente mi vida, porque era la primera vez que tenía un libro que hablaba de la población afro, pero de una manera no estereotipada”. Ahora, dice mostrar “fascinación” por exponer acerca de un nuevo libro con la firma de Duncan, que renueva la lucha contra “un sistema racista que no está erradicado y donde existe aún mucho desconocimiento”.

Otro de los aspectos que rescata es la discusión abierta sobre lo que ella califica como los “silencios de la historia costarricense”, con temas como la esclavitud.

La lucha por rescatar la heterogeneidad en una sociedad dividida busca hacer un llamado a reconocer todos estos aportes. Quince Duncan hace una invitación abierta a partir de su nuevo libro. “¿Qué pasó con la cultura africana que también heredamos? Cada vez que usted dice mondongo, marimba, cumbia y quijongo también habla en africano”, indicó.