Despertar la curiosidad por la ciencia en niños y niñas es lo que buscaba un grupo de estudiantes de la Escuela de Química de la Universidad Nacional (UNA), el pasado 19 de octubre en su visita al Jardín de Niños Las Letras, en Desamparados.
El proyecto Átomos brillantes, tiene como objetivo que los estudiantes universitarios dejen por unas horas las aulas y laboratorios para compartir experimentos y conceptos científicos con niños y niñas, mediante actividades diseñadas para explicar la química de una manera sencilla, visual y divertida.
Esta es una actividad de extensión universitaria que busca acercar la química, las ciencias naturales y la experimentación científica a población desde preescolar hasta secundaria, mediante talleres seguros, lúdicos y adaptados a cada nivel educativo. La iniciativa pretende despertar la curiosidad, estimular el pensamiento crítico y generar experiencias positivas alrededor de la ciencia desde edades tempranas.
Ligia Solís, académica de la Escuela de Química y responsable de esta iniciativa, explicó que detrás de cada experimento, existe el propósito de lograr que la ciencia deje de percibirse como algo distante y pueda reconocerse en la vida cotidiana. “La idea es que todos entiendan que todo está relacionado con elementos químicos, todo es química, y entonces acercarlos a la ciencia”, afirmó Solís. El proyecto se dirige principalmente a niños y jóvenes, aunque ya comienza a ampliar su trabajo hacia otras poblaciones, incluidos adultos mayores.
Ana Marcela Solís Torres, docente del centro educativo, considera que recibir a estudiantes de la UNA permite a los pequeños descubrir un mundo que, por su edad y su contexto, todavía puede resultarles lejano. “Principalmente es darles un acercamiento a lo que son las ciencias, porque son niños muy pequeños todavía. Son conceptos que no comprenden y siento que, al irse acercando a este mundo, puede prenderse esa chispita y quién sabe si en el futuro vendrán a visitar nuevamente la comunidad, pero ya como estudiantes”, manifestó.
Para la docente, la presencia de la Universidad tiene además un valor simbólico en una comunidad vulnerable, porque permite mostrar a los niños posibilidades que trascienden su entorno inmediato. “Siento que es como abrirles una puerta, a lo que hay más allá de la comunidad”, comentó. A estas edades, agregó, muchos todavía no comprenden con claridad qué significa llegar al colegio o a la universidad. Por eso, acercarles desde ahora ese universo representa también “abrirles una puerta, un futuro”. Según Solís Torres, madres y padres se sienten felices de que personas externas a la comunidad lleguen para compartir nuevos conocimientos con sus hijos.

Ese interés por llegar a poblaciones con menos oportunidades forma parte de la orientación de Átomos Brillantes. El proyecto desarrolla actividades tanto en los laboratorios de la Escuela de Química como en centros educativos que solicitan su visita. Cuando los talleres se trasladan a las comunidades, la iniciativa puede alcanzar a estudiantes que de otra manera tendrían mayores dificultades para desplazarse hasta la Universidad.
Ligia Solís explicó que el equipo procura realizar actividades semanalmente y que, aunque las visitas dependen de las solicitudes recibidas y de la capacidad disponible, existe un interés particular por atender zonas en condición de vulnerabilidad social.
Aprender a explicar la ciencia
Estudiantes de Química, Ingeniería en Bioprocesos y Enseñanza de las Ciencias participan como facilitadores, una experiencia que los obliga a salir del lenguaje especializado y encontrar formas comprensibles de transmitir conocimiento.
Para la académica, esa habilidad será importante incluso en el futuro profesional de los universitarios. “También los estudiantes se llevan otra parte, que es el hecho de compartir su conocimiento con personas que no son de su mismo nivel. En un futuro, cuando tengan que relacionarse con gerentes que no estudiaron química, van a poder explicarles conocimientos químicos de una forma que se entienda”, detalló.
Juan Diego Pino Vargas, estudiante de Química Industrial de la UNA, dijo que “lo más difícil para transmitir todos estos conocimientos puede ser llegar a explicar algo complicado de una manera sencilla, buscar que gente que no habla nuestro idioma, nuestro lenguaje técnico, nos comprenda también”. Sin embargo, aseguró que una de las mayores satisfacciones aparece en la reacción de los niños ante los experimentos. “Da mucha satisfacción que los niños se sientan tan felices de ver los experimentos. Se emocionan mucho y varias veces me ha pasado lo mismo: me han mandado cartas, han llegado a abrazarme. A nivel personal y emocional es muy bonito”, relató.

Michelle Padilla Fernández, estudiante de Química Industrial, trabajó durante la visita con conceptos de pH adaptados a la edad de los participantes. El objetivo, explicó, no era simplemente enseñar un contenido, sino mostrarles desde pequeños que la ciencia también puede formar parte de sus posibilidades futuras. “Es más que nada divulgación científica a niños pequeñitos para que vayan aprendiendo que tienen este alcance y esta posibilidad de estudiar ciencia. En mi caso, tratamos de enseñarles un poco sobre pH de una forma divertida, con experimentos que pueden entender mejor”, comentó. La respuesta de los niños confirmó que no es necesario esperar a edades mayores para comenzar a hablar de ciencia. “Los niños tienen mucha curiosidad y muchas ganas de aprender. Mientras uno sepa hablarles y ponerse a su nivel, ellos van a prestar mucha atención y a involucrarse en el experimento”, agregó Padilla.
Estas experiencias constituyen el fin de Átomos brillantes, una iniciativa que busca experimentar antes que memorizar, preguntar antes que asumir que la ciencia es demasiado difícil y acercarse a ella desde situaciones capaces de sorprender.

Los talleres incorporan experiencias sensoriales, cambios de color y de estado, prácticas adaptadas a cada edad y explicaciones que conectan los fenómenos científicos con la vida cotidiana. Además de despertar interés por las áreas STEM, el proyecto busca fortalecer el pensamiento crítico y ayudar a que niños, niñas y adolescentes aprendan a diferenciar la evidencia científica de afirmaciones sin sustento.
