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Se extiende zona afectada por “Mareas Rojas” en el golfo de Nicoya

Las restricciones buscan prevenir intoxicaciones por toxinas producidas por microalgas que se acumulan en los moluscos bivalvos. Estas sustancias no alteran su apariencia, olor ni sabor y resisten el calor y los medios ácidos, por lo que su cocción no garantiza un consumo seguro.

El Servicio Nacional de Salud Animal (Senasa) amplió la zona de restricción para la comercialización y el consumo de moluscos bivalvos, como ostras, mejillones y pianguas, mediante la resolución N.° SENASA-DG-R00032-2026. La medida comprende los organismos extraídos entre Playa Blanca y Punta Curú, en la costa occidental del golfo de Nicoya, así como los provenientes de la franja costera que se extiende desde la desembocadura del río Jesús María hasta el muelle azucarero de Punta Morales

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Las restricciones se establecen para evitar las posibilidades de intoxicación en seres humanos, debido a las toxinas producidas por ciertas microalgas que habitan en la columna de agua (fitoplancton) o en el fondo marino (fitobentos). Estas toxinas pueden ser de distintos tipos, como paralizantes, diarreicas, amnésicas y neurotóxicas, y acumularse en los tejidos de moluscos como ostras, mejillones y pianguas, debido a que estos organismos filtran el agua para alimentarse de las microalgas. Es importante considerar que las toxinas no modifican el aspecto, olor o sabor de los moluscos bivalvos, y que son resistentes a medios ácidos y el calor. No es seguro consumir alimentos preparados con moluscos contaminados con toxinas paralizantes.

 

Esta resolución se basa en las recomendaciones de una comisión interinstitucional que sostiene el gobierno de Costa Rica mediante el decreto ejecutivo N° 39669-MAG-S, en donde participa activamente el Laboratorio de Fitoplancton Marino de la Universidad Nacional. Esta comisión se denomina Comisión para la Vigilancia Epidemiológica de la Marea Roja, la cual monitorea la ocurrencia de las Floraciones Algales Nocivas (FAN), consideradas como un problema de salud pública en distintos países.

 

Karen Berrocal y Amaru Márquez, del Laboratorio de Fitoplancton Marino de la Universidad Nacional (UNA), indicaron que la restricción se ha mantenido desde el 12 de junio de 2026, con cambios en su cobertura espacial. Esta se ha ampliado conforme los análisis indican la presencia de toxinas en moluscos de distintas localidades del golfo de Nicoya. La restricción fue establecida inicialmente para suspender la extracción y comercialización de moluscos bivalvos provenientes de la granja ostrícola Ostra Rica, ubicada en Punta Cuchillo, Paquera, así como de la granja ostrícola Asociación de Acuicultores Marinos (ACUAMAR), ubicada en Isla Cedros, y de los sitios de extracción de moluscos comprendidos entre Playa Blanca, frente a Isla Pan de Azúcar, y Punta Curú, frente a Isla Alcatraz, incluidas las islas adyacentes, en la costa occidental del golfo de Nicoya (Resolución N.° SENASA-DG-R00018-2026). Posteriormente, la restricción se amplió a la costa oriental, inicialmente a la franja costera comprendida entre las desembocaduras de los ríos Barranca y Jesús María (Resolución N.° SENASA-DG-R00020-2026) y, luego hasta el estero de Pelusa (Resolución N.° SENASA-DG-R00022-2026). Actualmente abarca una porción importante de la franja costera del golfo de Nicoya.

 

Los expertos de la Universidad Nacional mencionaron que es posible que este evento se deba al efecto del fenómeno de El Niño, reconocido por aumentar la temperatura del mar y la estratificación de la columna de agua. Según los expertos, estas condiciones pueden favorecer el crecimiento de la especie productora de toxinas paralizantes Pyrodinium bahamense identificada en las aguas del golfo de Nicoya. Sin embargo, explicaron que no son los únicos factores. “Esta especie en particular tiene una fase de vida de latencia o dormancia que se deposita en los sedimentos, funcionado como “semillas”. Para germinar necesitan ser resuspendidos por procesos que ocurren en el océano asociados a los vientos y las mareas, que deben ser estudiados para comprender las causas y dinámica de estos eventos en Costa Rica”.

 

 

 

 

Los expertos también mencionaron que en sus bases de datos históricas desde el 2004, se han registrado géneros de especies reconocidas mundialmente por la producción de toxinas diarreicas o amnésicas como Dinophysis y Pseudo-nitzchia, pero se requieren estudios para poder identificarlas a nivel de especies y determinar si producen estas toxinas que actualmente no se monitorean en Costa Rica, por lo que sigue siendo necesaria la investigación para poder comprender mejor las “mareas rojas” y los efectos que pueden tener sobre la salud de las personas.