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Una vida entre el movimiento y la cancha

Mariana Benavides Jiménez encontró en el deporte una forma de crecer, competir y ayudar a otras personas. Oriunda de Heredia y estudiante de Ciencias del Movimiento Humano en la Universidad Nacional (UNA), combina su formación académica con una trayectoria en el baloncesto que la ha llevado a representar a Heredia, a la Selección Nacional y a la UNA.

Su vínculo con el baloncesto comenzó cuando tenía 7 años. En ese momento practicaba fútbol, pero un profesor de Educación Física la observó y la invitó a entrenar baloncesto. La experiencia marcó el inicio de una disciplina que con el tiempo se convirtió en una parte fundamental de su vida.

Benavides Jiménez eligió Ciencias del Movimiento Humano porque le gusta el deporte, la actividad física y la posibilidad de cuidar y ayudar a las personas por medio del movimiento. En el baloncesto encontró, además, una fuente de felicidad y una motivación para continuar jugando y compitiendo.

Llegar al nivel universitario representa para ella una oportunidad para enfrentarse a jugadoras con experiencia y alto nivel competitivo. Representar a la UNA, afirma, es un privilegio que también implica una gran responsabilidad.

Su trayectoria no ha estado libre de dificultades. Uno de los momentos más complejos ocurrió cuando pertenecía simultáneamente a tres equipos: la Selección Nacional, Heredia y la UNA. Mientras cumplía con los entrenamientos y competencias, enfrentó una lesión en las rodillas que le impedía rendir al máximo.

La situación generó frustración. Cada entrenamiento y cada partido representaban un reto físico y mental, pero decidió mantenerse firme. Una mentalidad fuerte, el deseo de continuar jugando y las ganas de seguir mejorando fueron claves para superar esa etapa. También contó con el respaldo de sus entrenadores, familiares y amigos.

Sus padres  tienen un papel fundamental desde que comenzó a jugar baloncesto. La han acompañado a entrenamientos y partidos, han estado pendientes de su alimentación y le han brindado apoyo y cariño. Para Benavides, ese respaldo ha sido determinante en los momentos difíciles.

La vida deportiva también le ha exigido sacrificar tiempo con amigos y familiares. Salidas, reuniones y espacios con personas cercanas han quedado algunas veces en segundo plano debido a los entrenamientos y competencias. Sin embargo, asegura que no cambiaría las decisiones que ha tomado para continuar con el deporte.

En la cancha juega como distribuidora, posición que ocupa desde que comenzó a practicar la disciplina. Entre sus principales fortalezas identifica su capacidad para leer el juego, su habilidad y liderazgo, además de la posibilidad de asumir un papel anotador en momentos importantes.

Competir con la UNA también le  exige aprender a organizar su tiempo. Los trabajos académicos deben convivir con los entrenamientos del equipo universitario y las prácticas de los otros equipos a los que pertenece. Encontrar ese equilibrio se ha convertido en uno de sus principales retos.

Para la estudiante, la confianza dentro de un equipo se construye a partir del compañerismo. Considera que un grupo debe funcionar como una familia, apoyarse en los momentos difíciles, disfrutar los entrenamientos y compartir también fuera de la cancha.

En la UNA ha encontrado ese ambiente. Cuando las cosas no salen como esperan durante un partido o un entrenamiento, siempre hay alguna compañera que brinda apoyo y mantiene al grupo unido. A ese respaldo se suma la confianza que recibe del cuerpo técnico.

Uno de los momentos que más la marcó ocurrió en los JUDUCA del año anterior, cuando la UNA disputó la final ante el equipo anfitrión. El gimnasio estaba lleno, las personas saltaban en las graderías y el piso se movía. Además, los láseres dirigidos hacia las jugadoras crearon un ambiente distinto al que estaba acostumbrada.

La experiencia fue especial, pero también le dejó una lección.  La basquetbolista reconoce que en aquella final no tuvo la confianza que hubiera querido, pero la experiencia le permitió conocer una nueva dimensión de la presión competitiva y aprender de ella.

De sus compañeras también ha aprendido a ser paciente y a apoyar. Considera que el equipo se ha convertido en una casa y una familia, un espacio donde encuentra compañerismo y un ambiente que le permite llegar a los entrenamientos con entusiasmo.

Ahora afronta los JUNCOS 2026 con una meta clara: aportar liderazgo, experiencia, comunicación, confianza y respaldo a sus compañeras. Sobre todo, quiere contribuir a que la UNA luche por la medalla de oro.

Su objetivo deportivo a largo plazo es jugar profesionalmente en el extranjero. En el ámbito profesional también quiere unir sus dos grandes intereses: el deporte y el bienestar de las personas. Su sueño es crear una clínica de rehabilitación que integre su formación en Ciencias del Movimiento Humano con la fisioterapia.