Costa Rica lee menos. Es una realidad plasmada en los resultados de la Encuesta Nacional de Cultura 2026 que presentó el Ministerio de Cultura y Juventud, y que pone de manifiesto el reto que enfrentan los principales actores vinculados al hábito de la lectura.
El tema formó parte de los diálogos que la Escuela de Bibliotecología, Documentación e Información y la Biblioteca Infantil Miriam Álvarez Brenes (BIMAB) de la Universidad Nacional (UNA) realizaron, a propósito de la celebración de los 30 años de este espacio dedicado a la atención de la niñez por medio del fomento de la lectura.
Desde distintas perspectivas profesionales, expertos de distintas disciplinas señalaron cuál es la visión que se tiene acerca de la biblioteca del presente y del futuro, que pueda adaptarse a las circunstancias actuales de recambios en la forma en que las personas, de todas las edades, consumen información.
La encuesta en mención indica que solo tres de cada 10 personas tienen el hábito de leer, mientras que el promedio nacional es de 5,7 libros al año. Además, la lectura desde plataformas digitales aumentó de 22.4%, en el 2016, a 39.4%, en este año.
La forma en que las personas acceden a libros arroja datos para la reflexión. Mientras que un 32% lo hace acudiendo a librerías físicas, solo un 3.8% lo hace desde las propias bibliotecas. En medio de ello hay datos que requieren atención: el grupo de edades entre los 18 y 28 años son los que más leen, con un promedio de siete libros al año.

Cris Arguedas, bibliotecóloga con más de 20 años de experiencia, considera que existe una necesidad de gestionar de mejor manera este tipo de espacios con los recursos disponibles, sin caer en las comparaciones de otras realidades, donde la inversión en bibliotecas públicas es mucho mayor.
“Si yo me voy a fijar en las bibliotecas de Finlandia o de Corea, donde están haciendo maravillas y pienso que mi ‘biblioteca del futuro’ debe ser así, puedo no tener una visión realista. Debemos gestionar nuestras bibliotecas con el espacio que tenemos, sea pequeño o grande. Tengo a una colega de Sarchí a la que le declararon inhabitable su espacio y debió trasladar su biblioteca a un pabellón, pero ella lo decoró, involucró a los niños y así genera proyectos distintos”, manifestó Arguedas.
Más allá de la adaptación del espacio físico, está también el gusto que desarrollen las personas por la lectura, más allá del motivo. La encuesta de cultura determinó, por ejemplo, que más de la mitad de la población (54%) lee por entretenimiento, mientras que en segundo lugar aparece el desarrollo personal (14%).
Sharon Ugalde, coordinadora académica de la Biblioteca Infantil Miriam Álvarez, es parte de la idea de que las personas deben adquirir el gusto por la lectura con aquellos temas que les son afines.
“En vez de decir ‘este es el libro que se tiene que leer porque dice que es de dos a cinco años y usted tiene cuatro y le tiene que gustar’, es mejor que exploremos, si no le gustó, entonces que no se lo terminen y empiece con otro que sí le guste”, detalló la académica.
Dentro de ese espíritu de exploración consideró relevante promover, desde los espacios educativos, la variedad temática de los títulos que hay disponibles en bibliotecas públicas, municipales e infantiles, algunas de las cuales tienen cercanía territorial unas de otras.
El sociólogo y académico de la Vicerrectoría de Docencia, Edgar Esquivel coincidió con esa postura, al defender la necesidad de que las bibliotecas no sigan un “lógica binaria”, sino que trascienda hacia otras formas de ampliar la oferta de literatura. “¿Cuántos libros encontramos sobre población trans o indígena que se pueden llegar a leer. La lectura debe ser interseccional e intercultural y hacerla accesible para todos y todas”, argumentó.
Michelle Rodríguez es trabajadora social y labora en la Unidad Técnica de Gestión Vial de la Municipalidad de Heredia. Desde su punto de vista, estos espacios deben revestirse de creatividad para llegar a sus públicos meta.
“Cuando pienso en la biblioteca del futuro, considero que va ir de la mano con la adaptación. No es ningún secreto, pero tenemos de frente el gran reto que significan las tecnologías, en especial la inteligencia artificial, en la que más allá de pensar en competir, nos debe servir para reconocer cómo debemos adaptarnos y utilizar estos avances como herramientas”.

Ser creativo a la hora de invitar a las personas a leer debe ser parte de esa transición. A ella le tocó vivirlo cuando desde el gobierno local, que elabora unas guías sobre educación vial con solo texto corrido. De su iniciativa, se replanteó la forma de llevar la información al público infantil al que iba dirigido; ahora combina animación y gráficas, como ganchos que promuevan la lectura.
Por ello, visualiza estos espacios bibliotecarios donde se combine no solo el libro físico, sino el material audiovisual, el acceso a algunos dispositivos como tabletas, conexión a internet y mayor interacción humana.
Los expositores coincidieron en que no imaginan una realidad social sin bibliotecas. ¿Qué significado tienen estos espacios para un desarrollo social e inclusivo? Términos como “mundo de posibilidades”, “memoria”, “lugar para compartir y aprender” y “espacios vivos” fueron parte de sus reflexiones.
Al final de cuentas, y aunque el entretenimiento sea el principal interés por leer, también se requiere fomentar el hábito para mejorar en las habilidades de lectoescritura entre la población joven. Los recientes resultados de las pruebas PISA, en las que Costa Rica no avanza ni retrocede, en comparación con hace cuatro años, pero obtiene un puntaje menor al promedio de los países de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico), suponen un reto por delate. Las bibliotecas pueden ser un frente de lucha más de cara a ese objetivo.
