Please ensure Javascript is enabled for purposes of website accessibility

Cocodrilos pierden espacio en el Tárcoles

Ver muchos cocodrilos en el río Grande de Tárcoles no significa necesariamente que tengan suficiente espacio en condiciones ideales para reproducirse, proteger a sus crías y desplazarse. Una investigación del Instituto Internacional de Conservación y Manejo de Vida Silvestre (Icomvis) de la Universidad Nacional (UNA) encontró que el 86,41 % del territorio analizado presenta una idoneidad media o baja para su hábitat, mientras que solo el 12,52 % alcanza una condición alta y apenas el 0,25 %, muy alta. “Se puede afirmar que hay vulnerabilidad potencial del hábitat”, explicó Amanda Bogantes Barrelier, quien realizó el estudio para optar por el grado de licenciatura. 

La investigación no contabilizó cocodrilos ni evaluó mortalidad, supervivencia o éxito reproductivo, por lo que sus resultados no permiten concluir que la población esté en riesgo, pero sí revela que los sitios con mejores condiciones son escasos, están fragmentados y varios coinciden con espacios sometidos a fuerte presión humana.

El análisis abarcó cerca de 5,48 km² del tramo inferior del Tárcoles, desde aguas arriba del puente sobre la ruta 34 hasta la desembocadura. Con imágenes aéreas de alta resolución y sistemas de información geográfica, Bogantes construyó modelos para identificar áreas aptas para anidación y guarderías, según el uso del suelo, la distancia al cauce y la pendiente.

“Las áreas más favorables para guardería tienen una fragmentación altísima y dependen de parches pequeños de vegetación ribereña”, indicó. La conectividad entre esos espacios también es baja.

Agricultura, asentamientos, infraestructura y extracción minera aparecen en sectores próximos a las áreas favorables para la especie. Incluso parte del hábitat más adecuado coincide con la franja de protección de 50 metros establecida por la Ley Forestal, donde el estudio identificó distintos usos humanos. “Las áreas de mayor idoneidad están muy escasas, muy restringidas y espacialmente coinciden con sectores que están sometidos a una alta presión antrópica”, comentó Bogantes.

La pérdida de estos sitios podría afectar funciones esenciales para la permanencia de la especie. “Si los cocodrilos pierden áreas adecuadas para anidar y refugiar a sus crías, su reproducción y supervivencia podrían verse comprometidas”, indicó Bogantes. 

Los resultados del mapa no solo indican dónde están las mejores condiciones para los cocodrilos, sino también dónde conviene actuar antes de que la transformación del territorio reduzca aún más esos espacios. Para Bogantes, esta información puede orientar decisiones de conservación, restauración y regulación del uso del suelo, además de ayudar a prevenir conflictos entre personas y cocodrilos .“No fue solo localizar dónde es el hábitat adecuado para la especie, sino entender cómo se relaciona con la forma en que las personas van ocupando y utilizando ese territorio”, puntualizó la investigadora. 

Para Bogantes “los instrumentos de ordenamiento territorial y planificación no siempre consideran de una forma apropiada la relación espacial de los hábitats, incorporarla permitiría pensar la conservación junto con la seguridad de las comunidades y los usos del territorio”. Foto. Laura Ortiz