Un encuentro de experiencias comunitarias en Cerro Negro de Sarapiquí, el pasado 15 de octubre, le permitió a mujeres de esta y otras comunidades aledañas compartir aprendizajes, conocer iniciativas productivas y fortalecer capacidades organizativas que les permita generar ingresos y fortalecer su autonomía económica.
El encuentro se dio por iniciativa del proyecto de cocreación y autogestión para el desarrollo rural de la Sede Regional Huetar Norte y Caribe, Campus Sarapiquí de la Universidad Nacional (UNA), el cual cuenta con el apoyo de personal de otros entes involucrados como la Agencia de Cooperación Internacional del Japón (JICA) y la municipalidad local.
Esta jornada de un día permitió a representantes de las comunidades La Esmeralda de Siquirres, Los Arbolitos, Río Magdalena, Santa Fe y Cerro Negro compartir aprendizajes, conocer emprendimientos y ahondar en la organización de las comunidades participantes. También participó como invitada, la comunidad de Altos de Araya de Orosi, que viven un proceso similar.
Carmen Daly Duarte, académica del Campus Sarapiquí de la UNA y coordinadora de este proyecto, que inició en el 2022 después de la pandemia, explicó que las comunidades utilizan la metodología japonesa de mejoramiento de la calidad de vida para reconocer sus propias capacidades y definir acciones para ese objetivo. “Se trata justamente de una autovaloración y autocomprensión de cómo mejorar sus potencialidades y generar, a partir de allí, posibilidades para crecer” explicó.
La iniciativa integra el trabajo de estudiantes del Campus Sarapiquí y de la Escuela de Planificación y Promoción Social del Campus Omar Dengo con acciones que abarcan el fortalecimiento organizacional, la agroecología, el manejo de residuos y el desarrollo socio productivo, con el objetivo de que las comunidades gestionen sus propios proyectos de manera sostenible. Es decir, el principal aporte de la UNA es acompañar a grupos comunitarios que impulsan iniciativas productivas para generar ingresos y fortalecer su autonomía económica.
El encuentro le permitió a las personas participantes mostrar sus productos. Damaris Mena Steller, vecina de Cerro Negro e integrante del grupo Cerro Fe, recibió en su parcela a estudiantes del curso de Extensión Universitaria y les indicó cómo trabaja el vivero donde cultiva vegetales, verduras y hortalizas para el autoconsumo de su familia.
Según comentó doña Damaris, el apoyo de la UNA ha trascendido las capacitaciones técnicas. Aparte de aprender a elaborar abono orgánico y manejo de finanzas, vitales para mejorar sus emprendimientos, el aporte institucional ha fortalecido el vínculo entre los vecinos. Junto con diez mujeres, actualmente elabora encurtidos que incluyen el uso de chile jalapeño y el palmito.
Para la profesora del curso, Noelia Garita Sánchez, estas visitas contribuyen a que “estudiantes conozcan de primera mano realidades muy diferentes, como la de doña Damaris quien debe sacar de un pozo el agua para su consumo”.
El estudiantado también resalta el valor de estas iniciativas. Jacqueline Jiménez Villalta, estudiante de Bibliotecología y Gestión de la Información del Campus Omar Dengo lo ve como una experiencia diferente en su formación académica. “Estamos muy acostumbrados a ir a estudiar y esta visita nos acerca a una realidad que no conocíamos”. Mencionó, por ejemplo, que conocía la cúrcuma como producto comercial, pero no la planta ni la experiencia de quien la cultiva.
Las prácticas de estas mujeres de Santa Fe y Cerro Negro se suman a otras similares como la que desarrolla Norma Hernández Varela de la comunidad Los Arbolitos, donde la producción orgánica de hortalizas les permite generar recursos para sus familias o, como agrega Ángel O´Connor, vecino de La Esmeralda de Siquirres, estas iniciativas ofrecen oportunidades de aprender y emprender.
Priscila Mena García, académica de la Escuela de Planificación y Promoción Social, agregó que otra contribución es la que brinda el estudiantado en la elaboración de diagnósticos participativos, planes de negocio y perfiles de proyectos que luego pueden presentar ante instituciones para buscar financiamiento. “Si queremos desarrollar procesos de extensión social exitosos es fundamental integrar docencia, investigación y producción”, puntualizó.
Otra perspectiva de esta colaboración la ofreció Yoshida Satoshi, representante residente de la Agencia de Cooperación del Japón, para quien el aporte de JICA y de la Universidad Nacional fortalecen estos proyectos de construcción conjunta de conocimientos, donde el saber académico se combina con la experiencia comunal para el impulso y desarrollo de iniciativas productivas y de mejora de la calidad de vida en territorios rurales.