¿Hasta dónde se extiende el brazo de apoyo que brindan las universidades públicas a la sociedad? Un proyecto de la Escuela de Psicología de la Universidad Nacional (UNA) lo explica bien: cada semestre un grupo de dos académicos en compañía de siete estudiantes asistentes realizan cuatro giras a comunidades de Liberia, Cañas y Bagaces para dar atención y acompañamiento psicológico a quienes padecen nefropatía mesoamericana, una enfermedad no tradicional vinculada con una falla renal crónica
Lo hacen porque son conscientes de que las capacidades, tanto del Ministerio de Salud como de la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS) suelen estar desbordadas. Y son pacientes que deben arrastrar no solo con las secuelas de la enfermedad y su tratamiento, sino con las consecuencias psicoemocionales que de ella se derivan. También sus familiares, quienes viven en carne propia el dolor que aqueja a sus seres queridos.
Y allí, en ese entorno, donde la institucionalidad muchas veces no llega, se hace presente la UNA, con un proyecto de investigación aprobado en el 2020, que lleva dos fases, y el cual se prevé finalizar en diciembre de 2028.
A la fecha se ha impactado a una población de 150 personas aproximadamente, entre personas que conviven con la enfermedad, familiares, miembros de las comunidades y estudiantes de centros educativos que visitan para despertar conciencia sobre el tema.
El proyecto inició con el nombre Vivencias psicológicas y sociales de personas portadoras de la nefropatía mesoamericana, su familia y comunidades que residen en la región Chorotega. El académico Diego León-Páez, de la Escuela de Psicología, es quien lo lidera.

¿Por qué es una enfermedad no tradicional?
Tradicionalmente se han vinculado los problemas renales con enfermedades crónicas como la diabetes o la hipertensión.
Sin embargo, desde 1990 comenzaron a darse las primeras investigaciones de casos que se presentaban en la costa del Pacífico, desde México y hasta Panamá, bajo un común denominador: los síntomas lo presentaban personas que estaban muchas horas expuestas al sol y dedicadas a labores agrícolas o de la construcción.
Hoy la nefropatía mesoamericana está catalogada como una enfermedad científicamente documentada; de ahí su nombre, por los lugares de incidencia.
En un 95% de los casos la padecen hombres, manifestó el investigador Diego León-Páez. Esto se relaciona con las formaciones tradicionales de roles en los hogares de la provincia de Guanacaste, donde ellos son quienes salen a trabajar, en una región donde las oportunidades laborales escasean y se vinculan en su mayoría con labores en espacios abiertos.
“Mayoritariamente descubrimos que lo padecían cortadores de caña de azúcar o trabajadores de las plantaciones de melón. También se presenta en peones de la construcción. Pero todos ellos presentan las mismas características: largas jornadas bajo el sol, exposición a altas temperaturas, deshidratación, insuficiencia en el acceso al agua, al descanso o a espacios de sombra”, describió el académico.
Desde su perspectiva, queda en evidencia cómo la pobreza, el desempleo y las precarias condiciones laborales son condicionantes sociales que impactan la salud de estas personas. “Esta es una enfermedad de la pobreza. Tanto así que un agricultor nos dijo ‘si no nos morimos del riñón, nos morimos de hambre. Entonces mejor, mientras tanto, nos morimos del riñón’”, narró León-Páez.
Desde el inicio el abordaje psicológico supuso importantes retos. Por un lado, era abordar familias dependientes del único ingreso familiar: el del trabajo de quien sufre la enfermedad.
Por ello, debieron atender muchos casos de ansiedad y depresión. “Nos encontramos mucho duelo, porque el papá o el hermano se murieron, incluso hasta un hijo. Entonces, también había muchos casos de duelos no resueltos. Nos hemos encontrado con personas que ya desde los 18 o 19 años lo padecían”, manifestó León-Páez.
También se han encontrado hombres abandonados por sus parejas sentimentales. Esto se explica por las implicaciones colaterales en la salud de quienes viven con la enfermedad y que se ven limitados a llevar una vida sexualmente normal, producto de los tratamientos biomédicos a los que se ven sometidos.
El miedo al presente y al futuro es el entorno recurrente. Y aunque en un inicio el proyecto se centró en las familias, ante la necesidad, se ha debido ampliar a las comunidades e incluso a las instituciones como el propio Ministerio de Salud y la CCSS, con las que se está trabajando en la formalización de un convenio.
“Estamos capacitando al personal médico para trabajar en la prevención del síndrome de burnout, en cómo se debe trabajar el tema de la comunicación de noticias no positivas a los familiares y para entender y concientizar que el personal médico no solo apoya la parte clínica, sino la emocional también”, detalló el investigador acerca de las intervenciones que se realizan desde la Escuela de Psicología.
La nefropatía tiene cinco fases, según el avance de la enfermedad en la persona. La Escuela trabaja a partir de la fase tres cuando ya comienza a existir un mayor deterioro en la función renal y se debe aplicar el tratamiento de diálisis peritoneal, que permite la limpieza de toxinas en el cuerpo que el órgano afectado ya no puede asimilar.
Filadelfia de Carrillo y Corralillo de Nicoya son comunidades hasta donde el proyecto llega. Pero también está Bebedero de Cañas y de Bagaces, así como el hospital de Liberia y el CAIS de Cañas. Con recursos insuficientes tratan de abordar la mayor cantidad de personas familias, sorteando lo extenso del territorio de Guanacaste.
Al final de cuentas, el esfuerzo se compensa con el valor humanista que proyecta la UNA con iniciativas de esta naturaleza. Por ello, León-Páez estima que en el debate público nacional donde se habla de recursos para las universidades públicas, persiste una visión “super limitada” de lo que hacen estas instituciones. “Hacemos investigación y extensión y con esto alimentamos la docencia en poblaciones de alta vulnerabilidad socioeconómica. Estamos formando a futuros profesionales, no solo en las aulas, sino en el campo y eso es muy importante para el país”, reflexionó León-Páez.
