Please ensure Javascript is enabled for purposes of website accessibility

Criterios


El desperdicio de alimentos: una crisis ética y climática  

María Fernanda Jiménez Fernández*

Seguro revisaste el refrigerador esta semana: las sobras del almuerzo de ayer, las fresas que compraste para hacer las baked oats (avena horneada) que viste en TikTok y que no te terminaron de gustar, el chile dulce para la cena de hoy, que no utilizarás porque el día estuvo muy pesado y preferiste pedir comida a domicilio. Estas decisiones que parecen pequeñas, cuando se acumulan, conducen a la tragedia climática. 

Según el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), en 2022 se generaron 1.050 millones de toneladas de desperdicio de alimentos, mientras que 783 millones de personas padecieron hambre y un tercio de la humanidad sufrió inseguridad alimentaria. Estos datos reflejan la desigualdad detrás de la seguridad alimentaria: mientras unos apenas pueden sobrevivir y hacer una comida al día, otros despilfarran. 

Esta realidad no es sorpresa y solo se profundiza por los efectos del cambio climático, al cual contribuye el desperdicio de alimentos. El PNUMA estima que el desperdicio de alimentos genera entre el 8% y el 10% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero y, además, ocupa el equivalente a casi el 30% de las tierras agrícolas del mundo. 

Lo anterior preocupa. Es alarmante ver cómo nace un problema tan grande de una decisión tan sencilla como elegir si me termino de comer el plato de comida que tengo al frente, o si me como la manzana que compré hace tres días y lleva todo este tiempo guardada en el refrigerador. 

Los datos nos llaman a responsabilizarnos y a tomar acción: los hogares representan el mayor porcentaje de desperdicio de alimentos. Este hecho es producto de una cultura consumista, de la falta de conciencia ambiental y del auge de los productos ultraprocesados. Nos han hecho creer que no pasa nada cuando, al final de la semana, desechamos todo lo que se arruinó en el refrigerador.

En un mundo donde la individualidad se premia, ¿estamos dispuestos a sacrificar nuestro goce personal por un futuro más completo para las próximas generaciones? O ¿terminaremos heredando más problemas que soluciones? La respuesta está en nuestro plato.

*Estudiante de Relaciones Internacionales-Universidad Nacional