La UNA avanza en la construcción de un subsistema que busca integrar la experiencia acumulada en acreditación y autoevaluación con una gestión permanente de la calidad de toda su oferta académica.
La Universidad Nacional trabaja en la consolidación del Subsistema Institucional de Gestión y Aseguramiento de la Calidad de la Oferta Académica, con el propósito de aprovechar la experiencia acumulada durante años en procesos de autoevaluación, evaluación externa y acreditación, y avanzar hacia una gestión de la calidad que abarque toda su oferta académica.
La iniciativa forma parte de las metas del Plan de Mediano Plazo Institucional 2023-2027. La idea es que todas las carreras puedan revisar sus resultados, tomar decisiones, dar seguimiento a los cambios e identificar aspectos que requieren mejora, todo esto con base en un marco institucional que facilite las condiciones necesarias para su desarrollo anual.
En este proceso, las facultades y centros tendrán un papel determinante. “Tienen un rol fundamental porque son las instancias que lideran y articulan el quehacer académico”, afirmó Ericka Anchía, coordinadora de Calidad de Carreras de la Vicerrectoría de Docencia.
Es en las carreras donde se analizan las condiciones, se realizan los procesos de autoevaluación y se ponen en práctica las acciones de mejora. Sin embargo, hay necesidades que trascienden a una carrera o unidad académica y requieren respuestas más amplias.
Ahí adquiere relevancia el trabajo de las facultades y centros. “Entonces ellos son una pieza clave precisamente para que suceda ese conjunto de condiciones habilitantes, para que suceda oportunamente esa toma de decisiones y para que el flujo de mejora continua avance”, explicó Anchía.
Como parte del subsistema se incorpora un Marco de Calidad Institucional propio de la UNA. Este permitirá revisar siete ámbitos relacionados entre sí: pertinencia académica; diseño y desarrollo de las experiencias formativas; condiciones y desarrollo del personal; desarrollo integral y resultados formativos del estudiantado; generación y movilización del conocimiento; vinculación con la sociedad; y gestión y aseguramiento de la calidad.
También se establecen tres niveles de gobernanza: el primero corresponde a las carreras; el segundo, a facultades, centros, sedes y secciones regionales; y el tercero, al ámbito estratégico institucional. De esta manera, las responsabilidades se distribuyen según el nivel en el que puedan atenderse y se procura mantener coordinación entre las distintas instancias.
Para Laura Bouza Mora, decana de la Facultad de Ciencias de la Salud, esta articulación lleva a observar la calidad más allá de cada carrera por separado. “El papel de la Facultad es fundamental en un proceso de gestión de calidad, porque la Facultad engloba a las unidades académicas, a las escuelas con sus carreras, entonces no podemos hablar de carreras acreditadas si no tiene todo el sistema acreditado”.
Bouza reconoce que adoptar esta perspectiva supone un esfuerzo para la Universidad, pues todavía no forma parte de su dinámica habitual. Aun así, considera que permite fortalecer el proceso en su conjunto. “Esta propuesta que nos presentan hoy de acreditar desde la Facultad, supone primero un esfuerzo, porque no es algo que la UNA tenga incorporado, pero que al final resulta en un producto que está blindado por todas las partes, recordando que los procesos de mejoramiento continuo lo que van a hacer es buscar ser mejores con nosotros mismos”.
Experiencia internacional
En la construcción del subsistema, la UNA ha contado con el acompañamiento de Gloria Zaballa Pérez, especialista en gestión y aseguramiento de la calidad en educación superior y exdirectora de la Unidad de Calidad de la Universidad de Deusto, en Bilbao, España.
El pasado 24 de setiembre, Zaballa participó en dos encuentros en la Universidad. El primero reunió a representantes de facultades, centros y sedes de los campus Omar Dengo y Benjamín Núñez. En el segundo participaron 45 personas de sedes y secciones regionales, entre autoridades, coordinaciones de carrera y personal académico y administrativo.
Para Zaballa, uno de los primeros pasos consiste en comprender qué cambia cuando una universidad pasa de acreditar carreras a desarrollar un sistema institucional de aseguramiento de la calidad. “Primero darse cuenta de lo que era acreditación de carreras y luego sistemas de aseguramiento de la calidad, y a partir de ahí tener claro el objetivo y avanzar”.
Para que ese sistema se mantenga en el tiempo, la especialista resume su planteamiento en dos conceptos: “Siempre digo sistematización y sostenibilidad, mis dos eses”. Pero sistematizar no significa complicar. Zaballa insiste en que el sistema debe formar parte de la actividad académica cotidiana y no convertirse en una estructura pesada o distante. El reto es “hacerlo de tal manera que sea ágil y flexible, sencillo de manejar, de tal forma que esté interiorizado y sea la manera de hacer las cosas en la UNA”.
Uno de los principales retos institucionales es que revisar la calidad deje de ser un ejercicio asociado únicamente con los procesos de acreditación y se convierta en parte habitual del funcionamiento de las carreras y de la toma de decisiones académicas.
Tras esta primera revisión con acompañamiento especializado, la propuesta pasará por distintos espacios de validación con la comunidad universitaria. Los aportes que surjan de estos encuentros servirán para hacer ajustes antes de consolidar el subsistema.