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Los retos de la Costa Rica verde

  • País afronta poder cumplir con la Agenda 2030 basada en los principios de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la ONU. 

Antonio Arroyo/ UNA Comunica. La mejor presentación de Costa Rica hacía al mundo es la imagen de “país verde”, un estatus que nos confronta en el proyecto “Análisis de los efectos económicos, ambientales y sociales del turismo y la cultura en Costa Rica”, de la profesora María Fernanda Vega Solano. 

Nuestro país durante los años 90 sufrió un proceso de deforestación acelerado, hecho que detonó en la disminución de la tasa de cobertura boscosa, que pasó de 59,5 % en 1960 a 40,8 % en 1986; equivalente a 956.675 hectáreas (ha) de bosque taladas en 26 años, aproximadamente 36.800 ha/año; dato que si se visualiza en términos de canchas de fútbol, serían 44.878 al año.

Para el 2000 se realizó la Declaración del Milenio de las Naciones Unidas, que constaba de ocho objetivos con cumplimiento a 2015; dicha iniciativa compromete a las naciones involucradas a luchar contra la degradación ambiental y garantizar la sostenibilidad del medioambiente, entre otras cosas como parte de los principios del Desarrollo Sostenible (ONU, 2000, p.6).

Como parte de los avances de los Objetivos del Milenio, según el Ministerio de Planificación Nacional y Política Económica (MIDEPLAN), Costa Rica avanzó en el objetivo siete, siendo parte fundamental la recuperación de la cobertura boscosa que alcanzó el 52,4% del territorio costarricense; logrado mediante políticas como el Programa de Pago de Servicios Ambientales y la puesta en marcha de la Ley Forestal 7575, específicamente el artículo 19 donde se establecen las actividades autorizadas en terrenos cubiertos por bosques.

En 2015, Costa Rica se comprometió con la firma del acuerdo denominado “Agenda 2030” de las Naciones Unidas, donde se plantean cinco ejes de incidencia: personas, prosperidad, paz, alianzas y planeta. En este último se propone: “proteger los recursos naturales de nuestro planeta y de trabajar en problemas climáticos para garantizar el bienestar de generaciones actuales y futuras” (ONU, 2015). 

Según datos de la CEPAL (2015), para el período 2011-2015 parte de las exportaciones fueron intensivas en recursos naturales (39,5% del total), tomando en consideración la preservación de las especies, los servicios ecosistémicos, que son fuente de ingresos para el país.

Pese a la importancia de los recursos terrestres y marinos, principalmente por el servicio ecosistémico turístico que brindan al país, los ODS relacionados con la vida submarina son cuestionables, solo cuenta con un indicador de los 10 establecidos. Poniendo como ejemplo la incorporación del tiburón martillo en la lista de especies de interés pesquero han hecho que la imagen de país pro-ambiente sea cuestionable a nivel internacional.

Otro dato a destacar es la cantidad de especies en peligro de extinción, la cual aumentó significativamente, 189 en 2008 a 337 en el 2016 (aumento de 78%), poniendo en jaque nuestra riqueza en flora y fauna de los diversos ecosistemas del país, un hecho que hace más vulnerable la actividad turística actual y futura.

El turismo es un aliado para la economía costarricense, según datos de la Cuenta Satélite del BCCR, en el 2016 aportó 6,3% del PIB; su aporte transciende si se analiza el nivel de encadenamientos que genera con otras actividades, por ejemplo, el 20,9% de los servicios de alojamiento y 20, 9% de los servicios de comidas y bebidas estuvieron relacionados con el sector turismo. Adicionalmente, para 2016 este sector empleó a 211.000 trabajadores. 

Sin duda, la gestión desarticulada y parcial realizado por muchos años, ha traído consecuencias como la alteración de los ecosistemas, la degradación del suelo, la tala ilegal, los incendios forestales, la extracción de flora y fauna, la expansión de la frontera agrícola y la contaminación de mantos acuíferos, entre muchos otros.

Los retos son grandes para un país donde muchas de las ganancias se obtienen de los recursos naturales; para ello es fundamental contar con políticas reales que vayan más allá de la publicación y que generen estadísticas certeras de la situación real de los ecosistemas, además se logre una sensibilización y entendimiento de la sociedad sobre la responsabilidad que cada persona tiene de proteger el ambiente, realizar un uso racional, eficiente y sostenible, se podrá hablar de un “país verde”. De otra forma, se estaría destruyendo las bases de la producción turística futura.

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