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¡Gracias poetas!

*Comentario de Mayra Loaiza, directora de la Escuela de Literatura y Ciencias del Lenguaje de la UNA, en el Día Mundial de la Poesía.

*Poema de Carlos Francisco Monge, poeta costarricense

Para reflexionar sobre lo que desde mi punto de vista es la poesía, primero debo hacer un breve viaje por la historia de las artes en sí. Desde tiempos inmemoriales, el ser humano ha expresado sus emociones utilizando diversas tácticas. Desde elaboradas pinturas rupestres, hasta la escritura de historias. Con el tiempo y el desarrollo de un lenguaje, las formas de expresar las emociones fueron cambiando y se transformaron en procesos más elaborados y definidos para cada cultura.

El descubrimiento de la música, la lírica y el teatro, cambiaron para siempre el mundo. La expresión del sentimiento se fragmenta en cada una de ellas y regala a todas las personas la oportunidad de escoger el arte con el que nos sentimos más a gusto. La música por ejemplo es un arte que, sin importar cómo nos sentimos, siempre va a reflejar diversos sentimientos, tales como el amor, la alegría, la nostalgia o la paz. Por otro lado, en el arte del cine o el teatro, los sentimientos se reflejan a flor de piel, ya que los rostros y gestos de los actores y actrices son tan reales que hacen reír o llorar a las audiencias. Con respecto a la lírica, se puede decir que tiene el poder de transportarnos, por medio de nuestra imaginación, a toda la riqueza expuesta en la narrativa de una persona visionaria, como lo es el autor.

Dentro de la literatura tenemos géneros como la poesía, que data aproximadamente del año 2600 AC y en la cual se encuentran las más bellas formas de expresión creadas por el ser humano. Las palabras fluyen mediante una simbiosis de hermosura culminando con una explosión de sentimientos, que erizan la piel y causan suspiros. La poesía expresa amor, dolor, admiración y muchos sentimientos que afloran desde lo más hondo del corazón. La poesía se puede leer en silencio o escuchar a alguien recitarla, que siempre causará la misma impresión. La poesía es un arte, que solamente aquellos que tienen el don de crearla de forma mágica, hacen que su recuerdo perdure para la eternidad. En la poesía los autores plasman su esencia y hacen llegar al lector a miles de conclusiones; aún dentro de su lenguaje, muchas veces confuso, la poesía tiene la magia de ofrecer una variedad de significados que dejan al lector suspirando o analizando con profundidad la fuerza de esas palabras. La estética de la poesía, la cadencia de sus versos y la belleza de una inspiración han demostrado a lo largo de los años que, dentro de las muchas formas de expresar los sentimientos, este hermoso arte es el que más impacto ha causado en la humanidad y será siempre la forma más sublime de expresión que exista. Para la poesía no hay edades, ni razas, ni credos, porque la belleza de sus palabras rompe todas las barreras impuestas por el mismo ser humano.

Por eso puedo decir que, para mí, la poesía es aquello, creado por el ser humano, que une todo lo que él mismo ha querido destruir, pero que por medio suyo nos eleva a otro plano y nos saca del dolor en el que las guerras y desgracias nos hunden. A la Poesía se le da una definición muy general y vacía, que se encuentra en los diccionarios; sin embargo, la definición más clara de poesía es aquella que un amante de la misma pueda dar. Los literarios toman la poesía, la analizan, revisan la métrica e incluso si hay o no rima, analizan su significado, sea a través de metáforas o no, pero detrás de ellos y sus análisis hay toda una intrínseca maraña que solamente los expertos en la materia conocen, pero más allá de lo que un literario pueda decir, está la forma en que los lectores analizan las palabras expresadas en una oda o poema. Para un lector, ajeno a toda la complejidad que conlleva este arte, lo que importa es lo que su corazón siente y su mente evoca. El lector, mediante la poesía, eleva su alma y deja volar su pensamiento, lo deja escapar, al menos por unos instantes, de la jaula en que vive el ser humano, una jaula llena de trivialidades mundanas y ocupaciones agotadoras. Leer la poesía de grandes autores tales como Rubén Darío, Pablo Neruda, Charles Baudelaire, Gabriela Mistral, Amado Nervo o incluso alguien más revolucionario y joven como lo es la autora Gioconda Belli, nos transporta de un sabor y un color a otro, de un sentimiento de nostalgia a uno de embriaguez, pasión, deseo o dolor. La sensación de tantos sentimientos mezclados semeja a la explosión de sabores que un niño aprendiendo a comer siente por primera vez. Poemas como los de la escritora Gioconda Belli, reflejan amor y pasión entre armas y guerra, demuestran el dolor y la fuerza de muchas mujeres que pelean sus batallas, no con rifles ni bombas, sino con sus manos y corazones que por dentro sangran, cargados de dolor al ver morir a sus esposos en guerras vanas, al tener que trabajar arduamente por dar de comer a sus hijos, al llorar amores perdidos y a sentir el dolor que una sociedad muchas veces misógina impone sobre ellas. Hoy en día la humanidad carga con mucho peso y dolor, marcados por epidemias, guerras, devastación y hambre, pero aún dentro de todo este pesar, las manos mágicas de los autores y sus poesías nos alivianan el paso, nos permiten dedicarlas a aquellas almas frágiles y nos ayudan a recoger los fragmentos de nuestro ser que van quedando tirados por el camino. La poesía nos arma de nuevo y nos demuestra que hay gente, como los autores, que, con su don maravilloso, ayudan a sostener a los demás, mediante el juego del intelecto y la belleza de las palabras.

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