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El ser y el oficio: Reflexiones sobre el mundo laboral actual

- ‘Y vos, ¿qué sos?’

- Soy médico, soy abogada, soy albañil, soy economista.

Resulta tan común escuchar esta pregunta a diario que ya nuestros cerebros la registran en su bagaje de respuestas predeterminadas, sin siquiera cuestionarse su semántica. Es común también anteponer a nuestros nombres -primer arsenal de nuestra identidad- las titulaciones obtenidas, siendo casi inadmisible que nos nombren sin esos mal llamados prefijos, tal cual nos robasen parte de nuestro ser al no ser pronunciados.

Nuestros trabajos, nuestras profesiones, constituyen factores vitales de nuestro desarrollo humano, en tanto consumen gran parte de nuestro tiempo, de nuestra mente, energía y ocupación. Además, si circunscribimos la discusión a la base concreta del marxismo, es nuestro trabajo lo que constituye la sustancia de valor y, por ende, la creación de mercancías, lo cual parece llevarlo aún más al centro de nuestras vidas. En general, el trabajo sienta la base de la discusión filosófica para la economía, no solo como disciplina, sino como sistema de producción.

Y a pesar de la importancia que tiene el trabajo en nuestras vidas y lo que representa en ellas, ¿ha estado exento de caer en la trampa del fetichismo de la mercancía? La persecución por la obtención de mercancías como fin último de nuestra estabilidad y confort, pareciera ver al trabajo no como una relación social entre personas, sino como una relación social entre cosas en tanto de cierta forma, cosifica la definición de quienes somos, pues somos antes un oficio, que una persona. O incluso, tendemos a pensar que nuestra titulación define el valor que tenemos como personas, al igual como la cantidad de horas contenidas en la producción definen el valor de una mercancía.

No obstante, para bien o para mal, las nuevas generaciones están enfrentándose a la epifanía del cuestionamiento, provocando una tendencia recurrente a reflexionar acerca del uso del tiempo, de los satisfactores de la vida misma y de la valoración que cada persona da a quien se es dentro de una relación laboral. Tendencias como el great resignation (la gran renuncia) o el quiet quitting (la renuncia silenciosa), parecen gestar pequeñas crisis al sistema capitalista tal cual lo conocemos, donde ahora también es válido replantearse la posibilidad de ser persona antes que oficios, renunciando a todo aquello que no satisfaga convicciones más profundas que solo la capacidad de consumo.

La academia se ha dado cuenta de esto, incluso antes de ser tendencia. Son muchos los autores -marxistas y no marxistas- que se han devuelto a los planteamientos iniciales de Marx para cuestionar la operacionalización de la vida, la cual parece estar en función de las cosas y no las cosas en función de la vida. Antes que un ser que produce, se es un ser de pensares y sentires, por lo que no es de extrañar que la reflexión sobre la base de nuestro sistema de producción, luche por sufrir una vuelta de tuerca.

*Artículo de opinión del M.Sc. Rodrigo Corrales-Mejías, académico de la Escuela de Economía de la UNA, del proyecto Trabajo y Crisis: aportes desde una economía política crítica heterodoxa para la vida.

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